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"La cultura no necesita más postulaciones, necesita dirección ejecutiva: gestión estratégica para dejar la precariedad y construir industria"

"La cultura debe asumirse, con rigor académico y visión corporativa, como una industria estratégica de alto impacto social y económico: un negocio sostenible que, desde la autenticidad de nuestras convicciones más profundas, genera valor, empleo y sentido, poniendo bienes culturales de calidad al servicio de todos, sin distinción"


Por Francisco Matamoros

Fundador y Director Ejecutivo ProEscénica


La gestión cultural necesita una evolución urgente. Durante años, la postulación a fondos públicos fue el eje del financiamiento, pero hoy ya no es una estrategia suficiente ni segura. Seguir esperando resultados desde esa única vía es, en muchos casos, postergar el crecimiento.


Francisco Matamoros
Francisco Matamoros

El desafío actual exige pensar como empresarios de las artes escénicas: diseñar modelos sostenibles, diversificar ingresos, generar alianzas estratégicas y comprender las dinámicas del mercado sin perder el sentido artístico. Profesionalizar la gestión implica planificación, análisis de audiencias, métricas y visión de largo plazo.


También es momento de superar sesgos ideológicos que limitan la colaboración. La industria cultural crece cuando se juega con todos y para todos, articulando sector público, privado y sociedad civil con pragmatismo y apertura.


Lo digo también desde mi experiencia personal. Llevo meses observando el ecosistema desde arriba, desde afuera, desde otra vereda. Esa distancia me permitió entender con mayor claridad que parte del sistema de trabajo y desarrollo que muchos aún defienden ya está obsoleto. No porque carezca de valor histórico, sino porque dejó de responder a las condiciones actuales del mercado, a las nuevas audiencias y a las exigencias de sostenibilidad.


Si no asumimos esta transformación, la mediocridad estructural se perpetuará. La cultura no puede seguir anclada en lógicas del pasado; necesita liderazgo estratégico, audacia y una mentalidad empresarial que permita consolidarla como una industria avanzada, profesional y competitiva.


La cultura no pierde su esencia por pensar estratégicamente; al contrario, la fortalece. Porque sin estructura, sin modelo y sin visión de largo plazo, el talento termina atrapado en la precariedad.

La pregunta es inevitable: ¿vamos a seguir esperando que el sistema nos sostenga, o estamos dispuestos a transformarnos para sostener nosotros a la industria cultural que queremos construir?


La crítica no puede quedarse en diagnóstico; debe traducirse en un rediseño estructural del modelo de gestión. Si el problema es la dependencia, la falta de visión estratégica y la obsolescencia de ciertos sistemas de trabajo, la solución es profesionalización con enfoque empresarial.


Propongo cinco líneas concretas de acción:


1. Diversificación real de ingresos

No más monocultivo de fondos públicos. Integrar patrocinio privado, alianzas corporativas, ticketing estratégico, membresías, coproducciones, licenciamiento de contenidos y servicios B2B culturales. El financiamiento debe ser una arquitectura, no una apuesta anual.


2. Modelo de negocio definido

Cada proyecto escénico debe tener un modelo claro: propuesta de valor, segmento de público, estructura de costos, proyección de ingresos y métricas de desempeño. Cultura con KPI no es mercantilización; es sostenibilidad.


3. Gobernanza y liderazgo ejecutivo

Separar dirección artística de dirección ejecutiva cuando sea necesario. Incorporar perfiles con formación en gestión, finanzas, marketing y desarrollo estratégico. La intuición creativa necesita estructura empresarial.


4. Articulación transversal sin sesgos

Trabajar con sector público, privado y sociedad civil sin trincheras ideológicas. La industria cultural crece cuando se amplía el ecosistema de aliados.


5. Formación continua y actualización metodológica

Actualizar prácticas, abandonar inercias y adoptar herramientas contemporáneas: análisis de audiencias, branding cultural, inteligencia de datos, planificación financiera avanzada.


La solución, en síntesis, es asumir que la cultura es valor simbólico, pero también valor económico. No se trata de abandonar la vocación artística, sino de dotarla de estructura para que deje de sobrevivir y comience a escalar.


La transformación no es ideológica; es estratégica. Y comienza cuando dejamos de esperar recursos y empezamos a diseñar industria.


 
 
 

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